viernes, 7 de mayo de 2010

Mi aventura de ser docente

A decir verdad nunca imaginé llegar a ser docente. Cuando estaba en la secundaria, mi ilusión si acaso era estudiar en una academia y ser secretaría. No veía la posibilidad de estudiar un bachillerato o carrera profesional, porque mi familia era de un nivel económico muy bajo, somos 5 hermanos, yo soy la mayor, mi padre es campesino y vivía en un pueblito cercano a la ciudad de Campeche, era muy ignorante en muchas cosas, casi no iba a la ciudad, mis maestros eran del mismo pueblo con muy bajas aspiraciones. Pero sucedió el “milagro”, personal administrativo del CONAFE (Consejo Nacional del Fomento Educativo) llegó a la escuela a hacer promoción del programa preescolar y cursos comunitarios, nos invitaron a entrar al sistema, capacitarnos, dar un año de servicio con una ayuda económica mensual y como recompensa darnos tres años de beca para continuar nuestros estudios, tenía 15 años no sabía qué hacer, estaba muy insegura, temerosa, jamás había salido de mi pueblo(aunque no lo crean) ni estado separada de mi familia, deseaba intentarlo pero a la vez tenía miedo ir a una comunidad totalmente desconocida, donde habían igual o más carencias que en mi familia, por si fuera poco sin servicios de luz, agua, teléfono y escasez de transporte, había que caminar kilómetros en montes, en fin después de tanto pensarlo se lo platique a mis padres y me apoyaron en mi decisión.
Me capacité durante dos meses para ser “maestra de primaria”, cuatro de mis compañeros de secundaria también entraron al programa (aunque no terminaron).Fue muy insignificante y pobre la capacitación, pues quienes nos capacitaban tenían los mismos conocimientos que nosotros (sólo secundaria) y la instrucción que nos proporcionaban carecía de didáctica y pedagogía. Sin embargo llegó el día tan esperado nos asignaron comunidades, rancho Santa Cecilia fue mi suerte, tuve que caminar 4.5 kms. Monte adentro, tuve suerte porque del transporte bajo el presidente de padres de familia de la comunidad, de no haber sido así estoy segura me hubiese perdido. En fin llegué, era una comunidad demasiado pequeña, sólo había cuatro familias y vivían muy distantes unas de otras.
Al principio fue muy difícil adaptarme al lugar, a enseñar a niños de diferentes grados, a estar lejos de mi familia, verlos cada fin de mes uno o dos días, añoraba las vacaciones. Se me dificultaba mucho trabajar con los niños de primer nivel (1er. Y 2do. Grado) porque tenía que enseñarles a leer (sabía hacerlo mas no como enseñar) no tenía una buena didáctica y pedagogía, ni la suficiente capacidad y habilidad como para hacerlo rápido y bien, sin embargo lo logré, recordé como me enseñaron y ese método seguí. Con los otros grados no tuve problema supe manejar bien los contenidos, el grupo era pequeño (8 niños: 3 de primero, 2 de tercero y cuarto y 3 de quinto y sexto). Siento que mi trabajo se reflejó muy positivamente en la comunidad, todos los lunes hacía un pequeño homenaje, era estricta con mis alumnos a pesar de no ser una profesionista, evaluaba cada semana el avance de los niños, convivía con la gente de la comunidad, me respetaban, entre otras cosas. Cuando finalizaba el ciclo escolar me pidieron que prestara otro año de servicio, sin embargo les expliqué que necesitaba estudiar mi bachillerato porque pensaba seguir estudiando y así lo hice estudié mi bachillerato en el CBTIS con la beca que me gané y fue cuando decidí en ese momento estudiar Contador Público, pues le tomé gusto a las matemáticas durante el año que estuve en CONAFE, por lo que elegí la especialidad de “Computación contable fiscal”.
Terminé mi bachillerato y nuevamente entré a CONAFE para obtener otra beca y estudiar mi carrera profesional, esta vez le tomé más gusto a la capacitación, ya habían mejorado un poco las instrucciones, ya no sentía miedo, inseguridad o tristeza por estar lejos de la familia, comprendí que era necesario el sacrificio y esfuerzo. Esta vez me asignaron una comunidad (Rancho “el Cepillo”) un poco más lejos aunque no tenía que caminar porque estaba a orilla de carretera federal. La gente fue muy linda conmigo, en las tardes enseñaba a los adultos que no sabían leer y escribir. Mi desenvolvimiento como instructora comunitaria fue muy diferente, completo, demasiado bueno y fue ahí donde “le tomé amor y gusto a la enseñanza”, eso mismo me llevó a cambiar de parecer y decidí no estudiar en la Universidad para Contador, sino entrar a la Normal Superior del Instituto Campechano a estudiar la Licenciatura en Español. Mis gustos y visiones dieron un giro de 360 grados. Tal vez por el tiempo que dedicaba a la enseñanza de los adultos y además que me costaba mucho esfuerzo enseñarles a leer más que a los niños, me di cuenta de la importancia de la lengua española.
Estudié la licenciatura en español cuatro, obtuve muy buenos conocimientos pedagógicos y didácticos y lamenté no conocerlos durante mi estancia en el CONAFE, estaba consciente que el tiempo no podía regresar y que además de haber comentado a la comunidad que al terminar mi carrera tal vez iba a regresar a trabajar un año con ellos mientras me titulaba, no era seguro lo que si les prometí es visitarlos algún día y hace poco lo cumplí después de 12 años, aunque mucha gente de la comunidad ya no vive ahí mis ex alumnas (os) ya están casados, tienen más hijos(as) que yo, solamente tres siguieron estudiando y me da gusto y satisfacción porque me recuerdan con cariño y sé que dejé huella en sus vidas.
Antes de terminar la carrera profesional realicé mis prácticas profesionales y servicio social en la telesecundaria de mi pueblo y posteriormente en una técnica de la ciudad de Campeche, siempre tuve deseos de superación. Al terminar mi carrera profesional me dieron mi carta de pasante y tenía que titularme en el transcurso de uno o dos años, yo tenía urgencia por hacerlo, pero además necesitaba trabajar para poder titularme, no entré a CONAFE porque consideré que me iba a llevar más tiempo y además iba a ser una beca perdida porque lo que deseaba era trabajar y no estudiar.
Me gradúe en julio, repartí mi currículum en diversas escuelas secundarias, sabía que podía encontrar por ahora una oportunidad mientras me titulaba, sin embargo sucedió que en la primera que lo llevé el director me ofreció trabajar, acepté el ofrecimiento y así empecé esta hermosa labor, con un grupo de primer año, ganando $250 a la quincena, dando una hora diaria, lo que ganaba se me iba en pasajes de traslado de mi pueblo a Campeche, pero en fin deseaba trabajar, practicar lo aprendido y adquirir experiencia, control de grupo, seguridad, entre otras cosas. En esa escuela trabajaban tres maestros más de español (un compañero de la carrera, una maestra fundadora de la escuela y otra que trabajaba un grupo, pero aparte era secretaria).
Cierto día mi compañero me comentó que había buscado un mejor trabajo y que iba a dejar sus grupos. A decir verdad mi primera experiencia como docente no es muy buena, tal vez porque en la escuela secundaria donde inicié los espacios son muy reducidos, llegaban jóvenes con muchos problemas de conducta. El director me ofreció los grupos de mi compañero, dos de primero y tres de tercero, faltaban dos meses y medio para terminar el ciclo escolar. Sentí mucha inseguridad para trabajar con los alumnos de tercer grado, mi compañero me advirtió que eran tremendos (que no había que considerarlos, ni darles confianza, dictarles y dictarles en clase para estar callados), los había estado observando. Tenía mucho nerviosismo los primeros días, pero como siempre conforme van pasando los días se va adquiriendo confianza, los alumnos poco a poco fueron tomando confianza, cambié la forma en como trabajaba mi compañero pues pensé “cada maestro con su librito”, además de no soy partidaria de pasarse la clase dictando y dictando, prefiero el trabajo colaborativo, comentado, practico, analítico y reflexivo, pero la situación era muy incómoda: no ponían atención, no querían trabajar, se la pasaban gritando, platicando y era unas llamadas de atención de “hacer silencio” cada tres minutos, eso llegó a agotar mi paciencia y empecé a dudar de mi vocación, no buscaba qué hacer para atraer su atención, no concebía estar gritando a cada rato, desgastando al voz hasta quedar afónica, sentía que no había necesidad, el problema era con los dos grupos de tercero.
Al no poder hacer nada, ni siquiera reprobarlos porque era como si no lo hiciera, empecé a frustrarme, sentirme fracasada, impotente. Dejé de tomarle gusto y amor a mi trabajo, lo sentía como una gran carga o castigo. Opté por empezar a dictar y dictar durante la clase y efectivamente solo así se mantenían callados. Pero no me sentía bien así no me gustaba, para mí una clase así no es efectiva, ni significativa. Al egresar esa generación sentí un gran alivio, sentí que hasta me estaba enfermando ese problema. El siguiente ciclo escolar fue distinto, trabajé con los grupos a los cuales les había dado clases en segundo.
En el año de 2003 salió la convocatoria del concurso de oposición para trabajar en el Colegio de Bachilleres del estado de Campeche (COBACH), aún estaba trabajando en la secundaria particular, pero decidí participar en el concurso de 12 hrs. eran muy pocas pero quería probar otro sistema “otros aires”. Presenté el examen lo gané, avisé al director de la secundaria y me fui a Candelaria a trabajar, al llegar me encuentro con la sorpresa que el maestro que daba literatura renunció a sus horas y me las asignaron, por lo que llegué a 25hrs.
Ahí me encontré con jóvenes organizados, responsables, que saben escuchar, participar, preguntar, trabajar, cooperar,etc. Desde ese momento sentí que volví a vivir una tranquilidad y gusto por mi práctica docente, los primeros dos semestres me sirvieron para ir conociendo y dominando muy bien mis estrategias, técnicas, dinámicas, materiales y secuencias didácticas, ya que el COBACH continuamente nos está actualizando y apoyando en la mejora de nuestro quehacer educativo. Pienso que la práctica docente debe ser toda una vida llena de motivación, interés, dedicación, disposición, actualización, formación, entre otras y una que considero muy importante tener vocación y si no la tenemos tratar de tomarle gusto al trabajo porque de no ser así se comienza a reflejar una apatía, carga, desinterés, reprobación, deserción escolar, poco rendimiento académico, etc. Además siento que como profesores debemos preocuparnos por nuestros alumnos, porque aprendan, analicen, reflexionen, critiquen, resuelvan dudas, tomen decisiones y construyan un aprendizaje significativo a largo plazo.
En mi corta carrera como docente la educación Media superior ha significado mucho, ya que además de formar jóvenes que irán a las universidades, siento que he dejado huella en ellos, he mantenido lazos de amistad y confianza con la mayoría al grado de contarme sus problemas, inquietudes, incluso vicios que practican en secreto. Lo más bonito es cuando algún día me los encuentro en la ciudad de Campeche o vienen de visita a Candelaria y me dicen alegremente: “maestra la redacción y ortografía que vimos con usted y las obras que leímos con tanta insistencia me está sirviendo mucho” o “la novela que nos puso a leer o nos contó la estoy leyendo nuevamente” y “los mapas, ensayos y fichas de trabajo me están sirviendo de mucho en la universidad”, entre otros comentarios muy motivadores para mí.
Por último, también debo reconocer que he sentido insatisfacción en algunas cosillas por ahí, tales como motivar a todos mis alumnos a leer y comprender, mejorar su redacción, ser responsables, entre otros. Me encantaría que todos mis alumnos tuvieran una excelente aprovechamiento, sé que es imposible, incluso he hecho encuestas respecto a mis clases y todo indica que el problema de que hayan algunos reprobados es simplemente porque no les gusta la asignatura de Literatura, no quieren leer y eso me hace sentir insatisfecha porque no sé a veces qué hacer para interesarlos, si trabajan pero no por gusto.

1 comentario:

  1. Buenas Tardes Evelia:
    Para mí ha sido muy interesante haber leído tu aventura como Maestro, las ganas de salir adelante, pero no solo por uno, sino con la convicción de servir y enseñar lo que sabes y que has logrado con el paso del tiempo y con mucho sacrificio, la perseverancia es siempre reconocida y recompensada, te felicito y de verdad, te mereces el lugar donde ahora te encuentras, es un privilegio tenerte como compañera.

    Saludos cordiales
    Angeles

    ResponderEliminar